Este patio de Monipodio que todavía se llama España está cada día más endemoniadamente revuelto: Cataluña, crisis, Mas, Cataluña otra vez, Mas, rescate, elecciones vascas y gallegas, que si federalismo, que si las autonomías sobran, que ahora los chivos expiatorios de la crisis son los funcionarios, que si las pensiones no van a poderse pagar...hay tantos temas que no he tenido ni tiempo ni valor para abordar este desahogo en forma de blog. Casi dos meses sin dar la barrila. No creo que nadie lo lamente mucho. Y tampoco vivo de esto, la verdad.
Sin embargo, lo que me ha animado es que parece ahora que algunos valientes (o locos, quién sabe) se atreven a decir que estos lodos vienen de los polvos de una mal resuelta Transición (y no me refiero a la época del destape), con una Constitución que no ha solucionado los problemas de la sociedad y mucho menos ha satisfecho a los nazionalistas (con z de nazi, sí, que es a lo que están derivando), cosa que si no era el principal objetivo, lo parece, ya que cada día se tiran más al monte, y cada hora ponen más palos en la rueda de la convivencia entre españolitos de distintas ideologías y de distintas aldeas.
Por fin, digo yo, se empieza a criticar ese momento. Es posible que entonces se evitara una involución o una guerra civil, pero ya han pasado casi cuarenta años y lo de ayer no vale para solucionar el hoy. Ya estaba uno cansado de tanto "proceso ejemplar", de los logros de una sociedad madura y democrática, que un cuarto de hora antes había dejado morir a Franco de viejo en su cama, de alabar a tanto "padre de la Constitución", de que si el Rey siempre tenía la palabra adecuada en el momento oportuno...vamos, que ya era mucho el autobombo y la autocomplacencia, lo que me hacía recordar una escena de la película de Tarantino Pulp fiction, donde tras limpiar unos matones un coche lleno de sangre, el "solucionador" del enredo les felicitaba, pero "que no se lo creyeran tanto"...bueno, no era así; mejor lo vean en Youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=Rp6HcdH-6As
La verdad es que siento la tentación de comparar esa escena con la tan traída y llevada Transición, la Constitución consiguiente y el embrollo al que nos han llevado autonomías y nacionalismos (o nazionalismos, insisto) con sus corrupciones y conflictos. ¡Y qué puñetas! Caeré en ella.
Contemos ese pasaje, era algo así: Julius (Samuel L. Jackson) conduce un coche, y le acompaña en el asiento delantero Vincent (John Travolta) - estos dos son matones de un mafioso - y atrás viaja Marvin (Phil LaMarr). Para abreviar, los dos primeros están conversando y Vincent se gira a Marvin para meterle en la conversación, pero cometiendo la imprudencia de hacerlo con la pistola en la mano, que se dispara accidentalmente poniendo perdido de sangre y sesos el interior del coche ( y de paso, a ellos mismos).
Imagínense la complicación que supone ir en un turismo empapado en sangre. Los dos matones se refugian en casa de Jimmie (Quentin Tarantino) y tienen que buscar una solución antes de que llegue su mujer a casa. Llaman a su jefe, Marsellus Wallace (Ving Rhames) y éste les envía a Wiston Lobo (Harvey Keitel), un sobrado "solucionador de problemas", que les pone a limpiar el coche y a cubrir la tapicería con mantas y edredones para que pueda circular sin levantar sospechas, y organiza todo lo necesario para sacarles del monumental lío en el que se han metido, a base de llamadas de teléfono y billetes verdes.
Pues bien, eso mismo me parece que se hizo en la Transición con la Constitución: había que tapar sangre y trapos sucios (de todos los bandos) en un coche llamado España, y así evitar posibles golpes de estado (aunque se les escapó el 23-F) y revueltas que pudieran llevar a que los españoles volvieran a enfrentarse. Y se trabajó de firme, sin duda, pero el tiempo nos ha demostrado que todavía en el coche, bajo las mantas, hay sangre, y en el maletero, un cadáver al que le han volado la cara, que empieza a oler mal, muy mal...y eso supone una situación más que embarazosa. Durante mucho tiempo se pensó que se había hecho lo mejor, que incluso se podrían dar lecciones a otros países que salieran de dictaduras, que la convivencia había sido magnífica, que se había consagrado la mítica pluralidad del pueblo español...hasta hoy.
Por muchas mantas en forma de subvenciones y multiplicación del gasto público, concesiones a los nazionalistas y en general a todas las autonomías, los problemas no se han resuelto, sino que han engordado hasta estallarnos en la cara mientras estábamos todos tan satisfechos y ufanos de haber parido una Constitución que no ha valido ni para garantizar derechos ni para eliminar privilegios. Y ese coche, España, sigue con un cadáver en el maletero (llámenle Marvin, crisis, casta política, vertebración del país...) del que nos tenemos que librar.
¿Y la solución? ¡Ah, si yo la tuviera!. Lo malo, en la película, es que el esfuerzo de Vincent y Julius para limpiar de sangre el coche, poniendo mantas y edredones en los asientos y suelo, y ocultando el cadáver en el maletero tenía un único objetivo: poder llevar el vehículo, sin llamar la atención durante el camino, hasta un desguace donde sería destruido para borrar todas las huellas del "incidente". Y me temo que en la realidad, algunos ya han empezado con el despiece.
