jueves, 24 de noviembre de 2011

El saber no ocupa lugar


Una de las noticias del año (la Noticia para los "geeks") ha sido la muerte del fundador (junto con Steve Wozniak) de Apple, Steve Jobs. A estas alturas se ha dicho todo o casi todo de él, incluso biografías ya publicadas y convertidas en éxito de ventas. Sobre todo, se ha recordado su discurso en la Universidad de Yale. 

De ese discurso hubo un detalle que me llamó la atención: que hubiera estudiado caligrafía. Eso ha hecho que podamos escribir en todos nuestros ordenadores con tipos de letra más o menos agradables, y no tan "robóticos" como parecía que iban a ser. Y eso me ha recordado algo que me sucedió a mí.

Con 14 años aprendí mecanografía; había un montón de máquinas de escribir dignas de un museo, aunque mis favoritas eran las Underwood. Pues bien, este conocimiento me ha servido para varias cosas: tener unos apuntes dignos en algunas asignaturas, hacer mi servicio militar en oficinas y al lado de casa y, sobre todo, y es a lo que voy, me ayudó a introducirme en la informática.

Sí, gracias a la facilidad de teclear, mayor en un ordenador que en una máquina de escribir tradicional (donde los dedos, durante el aprendizaje, llegan a doler bastante), no me dio pereza  enredar con esas máquinas que en los noventa se popularizaron y que ahora lo dominan todo: los dichosos ordenadores.

De la máquina de escribir pasé al ordenador, y poco a poco, por mi cuenta, fui aprendiendo su manejo, hasta llegar a internet; me inicié en la red en 1996, año en que me compré mi primer PC (Un pentium a 133 mHz y con un giga de capacidad de almacenamiento...toda una maravilla, ahora guardada en mi trastero). Entonces había una cosa llamada Infovía, una especie de internet para andar por casa en España. Ahora estoy tecleando esto en un notebook con una acceso móvil prepago. ¿Hubiera sido lo mismo si no hubiera aprendido mecanografía? Seguro que no.

Eso me lleva a recordar que, cuando éramos estudiantes, en demasiadas ocasiones nos preguntábamos para qué valía lo que estábamos aprendiendo (p.ej. latín, filosofía, literatura, dibujo...). Pensábamos que sólo había unas pocas asignaturas útiles en la vida, cosa que se agravaba al llegar a la universidad. Y esto sigue ocurriendo hoy. 

Años después pienso que esos saberes, en general relacionados con las humanidades, que calificamos de inútiles o poco prácticos no lo son realmente. Quizá nos sirven en la vida lo mismo que hacer pesas le sirve a un futbolista, natación a un tenista o correr a un boxeador: entrenarnos y tener más recursos a la hora de enfrentarnos con la realidad diaria, incluso en la vida profesional.Es conocido el caso de cirujanos que para mejorar su destreza manual a la hora de operar, se han convertido en virtuosos violinistas o pianistas. 

Por eso creo ya, bien pasados los cuarenta, que esos conocimientos "inútiles", y en especial, las humanidades (desde la literatura hasta la filosofía, desde conocer latín hasta historia) son los que nos hacen ser mejores personas y con mejores destrezas "técnicas". Hace 3o años, nadie suponíamos que la caligrafía o la mecanografía iban a confluir en unas cosas llamadas ordenadores, que íbamos a tener en nuestras casas y que nos iban a permitir conectarnos con todo el planeta.

Una manera de ayudar a la liquidez de los bancos


En Europa, para evitar quiebras y capear esta crisis, los estados están mandando ingentes cantidades de dinero público a los bancos para "refinanciarlos", dinero que viene de los impuestos que pagamos los sufridos ciudadanos. 

Esto de recaudar dinero para "inyectarlo al sistema bancario" no parece una idea muy popular, vamos, que a nadie que yo conozca le gusta pagar impuestos. Pero hay otra manera en que nosotros le podamos dar más gustosamente el dinero a los bancos...reduciendo impuestos.

Me parece una barbaridad que se pague un minimo del 19 % por los exiguos intereses que recibimos de nuestros ahorros, ganados con nuestro sudor, y por los que hemos pagado ya impuestos (el famoso de "la renta"). Por una imposición a plazo fijo apenas le dan a uno lo justo como para cubrir la inflación, que además pierde una quinta parte en impuestos. Si esto es así, más de uno no se anima a ahorrar.

Como bien dice el economista D. Juan Ramón Rallo en uno de sus artículos-lecciones magistrales, el capitalismo no se basa principalmente en el consumo, sino en el ahorro, en el capital. (Y que me perdone el Sr. Rallo mi burda simplificación). Y este ahorro no es sólo cosa de ricos, sino de todo hijo de vecino que quiere proteger su poco dinero que es capaz de no gastar para poderlo emplear más adelante en lo que estime oportuno.

Cualquiera, incluso un servidor de ustedes, puede tener una imposición a plazo o un puñado de acciones (directamente, o a través de fondos o planes de pensiones) aunque uno sea mileurista. Y no por ello vamos a ser viles especuladores a los que hay que castigar con impuestos. 

Pues bien, tal vez ayudaría a fomentar el ahorro que, ante los escasos intereses que ofrecen los bancos, el fisco no fuera tan voraz. No estaría mal que esa retención fuera sólo del 10 %, volviendo al medieval diezmo, y si fuera menos, tanto mejor. Con ello, nos animaríamos a ahorrar un poquito más, tanto en cantidad como en plazo de las imposiciones, y de  paso le suministramos a los bancos, de una manera voluntaria, ese combustible que necesitan para su funcionamiento, que no es más que el maldito parné (o la plata, como dicen tan elegantemente al otro lado del Charco).

Si esto también se aplica a otros productos en que los ciudadanos de a pie podemos meter los cuatro cuartos que guardamos, tales como fondos, acciones, planes de ahorro o de pensiones, tanto mejor. Estos productos ya se han popularizado lo suficiente como para no considerarlos elitistas, pues muchos obreros y jubilados tienen parte de sus pequeños ahorros en este tipo de bienes. Y digo yo, también los humildes tenemos derecho a nuestra parte de beneficios del  sistema capitalista.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Los políticos tienen la culpa ¿toda?



Llegaron las elecciones y acabó la dichosa campaña electoral, que no es cierto que dure sólo quince días sino llevamos años en ella, por lo que el hartazgo para el ciudadano de a pie es grande ya, y no sólo por este motivo: cada día tenemos noticias sobre políticos, no por la actividad que les es propia, sino por los escándalos que protagonizan y que desde hace demasiado tiempo ya no escandalizan, si me permiten la redundancia.

La corrupción ha podrido toda la estructura del Estado, desde el Gobierno de la Nación hasta el último de los ayuntamientos, ni siquiera la Corona está ya libre de sospecha (caso Undargarín): resultan habituales los políticos con comportamientos prepotentes y hasta mafiosos, empresarios que los sobornan, el robo delos caudales públicos más o menos encubiertos con entramados de empresas o de fundaciones cuya génesis no ha sido otra que la de desviar el dinero de nuestros impuestos, que no deja de ser sudor de nuestra frente, al bolsillo de sinvergüenzas con despacho enmoquetado, coche oficial de lujo y varios sueldazos compatibles porque sí.

De acuerdo, no son así todos los políticos, ni siquiera la mayoría. Afortunadamente, también hay gente que trabaja por el bien común con sinceridad y honradez, independientemente de las siglas.

Pero, ¿el "común de los mortales" sólo somos víctimas de pérfidos poderes ocultos? También debemos hacer examen de conciencia, porque les podemos echar todas las culpas a los políticos, pero no dejan de proceder de la misma sociedad, que les vota, les votamos. Es más, el ciudadano medio se toma la política con el  forofismo del fútbol: se es del PSOE o del PP como se puede ser del Madrid o del Barça.

El español medio es dado a eso de ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio; criticamos con crueldad al que nos paga nuestra manutención (sea un empresario o un cliente), sabemos más de todo que cualquier especialista, nos atrevemos a poner faltas a ingenieros, médicos o profesores, sin saber nada de eso; por algo dicen que cada español lleva un seleccionador nacional de fútbol dentro.

La gente nos hemos convertido sólo en sujetos con derechos, pero no con obligaciones. Exigimos que nos subvencionen, que nos caiga el maná del cielo, que nos venga a salvar el mesías de turno. Somos fiscales terribles del trabajo de los demás, pero del nuestro ya no tanto. Nos fijamos en lo que tienen que hacer los demás pero no si nosotros estamos haciendo lo que debemos, y el españolito medio, seguidor de Belén Esteban y Gran Hermano, no lucha por derechos como la libertad para todos (en cualquiera de sus formas: de expresión, de circulación, de empresa...), sino que le encantan aquellos que suponen someter a otro, como bloquear una junta de comunidad de propietarios, parar una obra al vecino o pasar por la finca de un tercero.


Además, ¿quién no ha acudido a algún conocido para allanar un trámite administrativo? Todos buscamos ciertas ayudas, del alcalde o del bedel de un ayuntamiento, de un amigo que conoce a "alguien" de un banco o de un ministerio. Y lo peor es que se consiguen en demasiadas ocasiones de esta manera, que a veces es la única. Ya sabemos el refrán: "El que tiene padrinos, se bautiza".

Se está repitiendo aquello de que la crisis es fundamentalmente de valores de la sociedad, pero nosotros, cada uno de nosotros, somos parte de esa sociedad. Si queremos una regeneración de la clase política, debemos empezar por regenerarnos nosotros mismos. "Antes de arreglar el mundo, da tres vueltas por tu casa", dice el refrán oriental. Y no sólo se trata de producirnos en nuestras vidas con honradez y respeto a los demás, sino de no transigir con quienes se saltan la ética a la torera, de no callar ante lo que está mal, de no ser cómplices con quienes nos roban o vendiendo nuestro voto al mejor postor. 

Pero esto no es fácil y conlleva su trabajo. ¿Estamos dispuestos a hacerlo? Yo no puedo tirar la primera piedra, no soy ni mejor ni peor que los demás. Sin embargo, hay que intentarlo. Por si acaso, empezaré dando tres vueltas por mi casa.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Una goleada. ¿Triunfo total?




Hoy toca hablar de elecciones, qué le vamos a hacer. Nos hartaremos de análisis e interpretaciones varias, y no me voy a quedar sin dar la mía; no es porque mi opinión sea importante, pero me quedo a gusto dándola.

Podemos hablar de la mala noticia de que ETA tenga su grupo parlamentario, junto con el aumento de otros separatistas, cuando lo que hace falta es unir y en vez de pensar en la aldea, el terruño o la comarca, hay que pensar en Europa, y hasta esa idea se va quedando pequeña en un mundo donde a USA y Rusia se le ha unido China para partir el bacalao. Y detrás, pisando fuerte, India y Brasil piden sitio.

Buena noticia puede ser que UPyD quintuplique sus diputados, pero con una Ley electoral que hace que CiU con 200.000 votos menos tenga 16 escaños (más del triple que ellos); por otro lado, ya no hay que hablar de IU como "izquierda hundida", porque de 2 pasa a 11, y es la tercera fuerza política en número de votos.

Para el mí lo que merece más atención son los 186 diputados del PP: Una victoria aplastante...aunque quizá no tanto. En 1982, el PSOE, en una situación también complicada, aunque no igual, ganó por primera vez unas elecciones con 202 diputados. Si vemos este hecho, junto con las previsiones tan optimistas que había de que Rajoy iba a llegar a los 200, esta mayoría absoluta sabe a poco.

Parece exagerado, pero con una situación tan crítica como en la que se encuentra ahora España, la alternativa a un Gobierno tan mal gestor, al que le han salido ministros imputados en presuntos casos de corrupción, debería haber arrasado. No ha sido así. Rajoy perdió en 2004 y en 2008, y en el primer caso, venía de una mayoría absoluta de 183 diputados. Ahora ha ganado ¿Pero ha convencido?

Está bien que en Génova celebren el triunfo, porque han ganado claramente. Pero no ha sido la goleada esperada, la que se tendría que haber dado con un rival tan nefasto. Rajoy tiene mayoría de sobra para gobernar...cuatro años. Ante las reformas que tiene que hacer, ¿superará el desgaste de esta legislatura tan difícil? Porque las medidas para superar la crisis no van a gustar a muchos.

Creo que Rajoy no es un líder tan atractivo como lo pueden ser ahora Esperanza Aguirre o, en su día, Felipe González. Ha ganado porque tenía que ganar, porque la gente se ha hartado de este PSOE que tiene que reformarse, o mejor aún, refundarse.

Pero en el PP no se deben dormir en los laureles. Han cometido errores, desde el caso Camps hasta el bajo tono de la campaña. Parece que han ganado por inercia y no por entusiasmo. Deben trabajar más en Vascongadas y Cataluña, y también en el resto de España. No habrá piedad en esta legislatura para ellos, muchas ya querrán resultados ya, y muchos más les harán pagar las facturas, de todo tipo, de ZP. 

Siento ser un aguafiestas, pero hoy será día de fiesta en Génova, pero en España, todavía no ha cambiado nada. Esperemos que ese cambio para bien llegue, pero la tarea no va a ser fácil para el nuevo Gobierno, y, seamos sinceros, los españoles podrán perdonarles fallos al PSOE, pero al PP apenas se le permiten. Con ello tiene que contar Rajoy, porque o sabe ser convincente y políticamente atractivo, o el desgaste que le puede venir puede hacer que vuelva el PSOE, con sus aliados habituales, en 2016; porque estarán hoy derrotados, pero no destruidos.


lunes, 7 de noviembre de 2011

Un arco agrietado. ¿Por qué?

Tenía que ocurrir. Yo metiéndome a hacer un blog. Éste es mi cuarto intento; los tres anteriores fueron un estrepitoso fracaso, porque me metí donde no sabía: apenas me manejaba en configuaciones, publicaciones, etc. etc. Al final, éste parece el medio más fácil para iniciarse. Pues a ello.

Lo primero ha sido buscar un nombre. Naturalmente, los primeros que pensé ya los tenían otros "blogueros". Hasta incluso la presentación.

Buscando una foto para mi "avatar", encontré una que hice en la Catedral de Salamanca, concretamente a un arco con una aparatosa grieta...y se me ocurrió el nombre. No me parece mal, sobretodo porque refleja la modestia que he de tener a la hora de "pontificar" sobre los temas que exponga. Ya soy consciente de que puedo volver a descubrir la pólvora o el agua tibia, vista mi gran originalidad al buscar los primeros nombres.

En fin, si alguien quiere leerme, no le prometo nada, sólo que aquí encontrará mis ocurrencias, que no son más que las de un tipo corriente y moliente, del montón, y hasta vulgar. Es más barato que el psicoanalista.