viernes, 30 de diciembre de 2011

Para este viaje, no hacían falta alforjas.

He visto la actuación de Dña Soraya y compañía, y tras escucharles, me ha venido a la cabeza este refrán. También podíamos hablar del parto de los montes o recordar otros dichos populares, que al final, el resultado es el mismo: decepción.

Ya se sabía que tenía que haber recortes y que tenían que subir los impuestos. Pero la forma en que lo ha hecho la troupe marianil recuerda demasiado al tardozapaterismo que ha perdido las elecciones, el mismo cuento del que estamos hartos: "No nos olvidamos de los pobres parados y pensionistas, damos otra vuelta de tuerca a los pérfidos funcionarios y les damos su merecido a los malditos ricos". Traduciendo, y me perdonen la expresión, se trata de putear una vez más a los que tienen la osadía y desvergüenza de cobrar una nómina que sea un poquito mayor de los mil euros. Vamos, que nos van a crujir a la mayoría. Eso sí, también han congelado a los que ganan el sueldo base, una cantidad que nos tendría que dar vergüenza como país europeo. 

Enhorabuena al nuevo Gobierno: tenemos impuestos suecos con sueldos rumanos. Si esto les parece exagerado, den tiempo al tiempo. 

Bien, reconozco que si hay alguien que lea esto, pueda replicarme con todo derecho diciendo "vale, listillo, ¿tú que harías?" Pues gracias por preguntar, así que lo suelto:

1.- Estaba cantado que iban a congelar el sueldo a los funcionarios otro año más. Vale. Pero si además aumentan la jornada, ello se traduce en otro recorte de sueldo y un mayor gasto de funcionamiento. Parece una tontería, pero ¿alguien ha calculado el coste en electricidad, calefacción, etc. de mantener abiertos las oficinas publicas diez horas más al mes?¿Eso genera ahorro? Salvo Hacienda, el resto de departamentos, en  el Estado o en otras administraciones, tienen la misión de gastar (simplificando mucho, lo sé, pero es así). Imaginen diez horas más de trabajo al mes de los funcionarios que se dedican a tramitar las subvenciones al cine, sindicatos, partidos, a ONG de distinto pelaje, a uno que pasaba, etc. etc. ¿Nos interesa?
Yo hubiera congelado a secas. Y por cierto, funcionario sólo es el que ha pasado por una oposición. Así que los colocados a dedo tendrían que ser despedidos de inmediato, de la misma manera en que fueron colocados: porque sí.
2.- Graciosamente suben las pensiones un 1%, como si no estuviéramos cotizando por ellas. Y mantienen el seguro de desempleo, derecho por el que los trabajadores tienen un descuento en su nómina, así que no es un regalo. Los 400 euros siguen. Estoy de acuerdo, pero incrementaría la lucha contra el fraude tanto en el paro como en las bajas.
3.- Es un chiste recortar sólo un 20% las subvenciones a sindicatos, partidos y patronal. No señores, es el momento de SUPRIMIR ese gasto. Yo habría hecho una Ley de financiación para estos colectivos, de tal manera que se financien con donaciones particulares (desgravables, por supuesto) y cuotas de sus afiliados. Sería generoso: eso se produciría en tres años, recortando para 2012 un 40% esas subvenciones, y seguir así para que desaparezcan totalmente en el ejercicio 2015.
4.- Eliminaría toda subvención al cine, al deporte profesional y a las ONG que no sean estrictamente caritativas o se dediquen a la investigación científica, y desde luego, que su actividad comprenda el territorio nacional. (Nada de subvencionar cursos de feminismo en los Andes, o el estudio de la reproducción de la almeja macha australiana, por poner ejemplos ficticios que recuerdan a chorradas muy reales).
5.- Subir el IRPF es empobrecer a los curritos, con la excusa de atacar a los ricos. Éstos tienen sus SICAV y sus cuentas en el extranjero, así que los gobernantes no nos tomen por tontos. Parafraseando al doctor en economía D. Carlos Rodríguez Braun, en realidad el Estado cobra de quien puede pillar (no es una cita literal, D. Carlos es profesor universitario), es decir de nóminas y todo ingreso que no pueda escapar al fisco. Lo demás, son bobadas.
6.- Pondría una escala retributiva fija y por niveles para todos los cargos políticos, de tal manera que un alcalde de un pueblo no gane más que el Presidente del Gobierno. Éste último sería el sueldo máximo (que bajaría un 5%, al igual que el de todo el Gobierno y todos los parlamentarios), hasta llegar a cargos que no tendrían remuneración (un alcalde de un pueblecito de 100 habitantes, no puede tener un sueldo, porque tan pocos habitantes no dan para eso, por ejemplo).
7.- Eliminar administraciones, de tal manera que sólo quedaran Estado, autonomías y municipios. Las Diputaciones Provinciales (o en su caso, Cabildos Insulares) se encargarían de las poblaciones que no constituyan municipios, cuyo número habría que reducir a la mitad. Naturalmente, no considero necesarias mancomunidades, comarcas, veguerías, etc. con sus cargos políticos y asambleas varias. Con los cuatro niveles de Administración anterior, se "cubre" todo el territorio. Los funcionarios (insisto, por oposición) de las instituciones suprimidas se recolocarían en las que quedaran, pero sólo los funcionarios, no los cargos políticos ni los colocados a dedo.
8.- ¿Hay que subir impuestos?¿No hay más remedio? Bien, recaudemos más IVA obligando a que todo servicio o venta sea legal, con factura o tique (tícket si lo prefieren) obligatorio, con los inspectores cazando a todo el que trabaje en negro. Punto. Da igual que sea una clínica dental o un puticlub, y si esto último no es legal, o se prohíbe con penas de cárcel o se legaliza y que cotice como todo hijo de vecino, y en último caso, que lo haga con el IVA de lujo.
9.- Prefiero subir los impuestos del tabaco o del alcohol, que los que gravan el pan o la electricidad. Así que, 20 cts. más por cajetilla de tabaco y 50 cts más por botella de bebidas de más de 25º. Yo, mis vicios, me los pago.

Y lo dejo aquí, para no aburrir más, que juraría que oigo ronquidos. Ya seguiré arreglando el país otro día. Resumiendo, Mariano no ha empezado con buen pie y se ha parecido demasiado a ZP.

martes, 13 de diciembre de 2011

No éramos ricos

Algunos lo sabíamos. Éramos a los que nos miraban como bichos raros en septiembre cuando decíamos en el trabajo que no habíamos ido de vacaciones a ningún hotel de muchas estrellas o playa paradisíaca o cuando comentábamos que usábamos los puentes para hacer limpieza a fondo en casa. Tan raros que teníamos un utilitario y no un monovolumen o una berlina o un todoterreno que no salía de la ciudad, porque el coche lo considerábamos una herramienta y no un objeto de exhibición.

No éramos ricos. Algunos lo sabíamos porque lo vivíamos en casa desde pequeños: esos padres que no tenían vacaciones aunque no tuviéramos colegio, que guardaban para cuando flojeaba el trabajo, que gastaban lo justo y necesario, que consideraban que lo importante era tener buena comida en casa, ropa duradera y que no nos faltara un libro para la escuela, en vez de exhibir vestuario de marca, ir a la moda o, simplemente, darse demasiados caprichos. Lo de comer en un restaurante era algo sólo para bodas, bautizos y comuniones de la familia. Y eso era lo normal y no era motivo de infelicidad ni de traumas. 

Pero desde hace diez años, o más, se pensaba que no era así. Que cualquier empleado, que cualquier asalariado, no era menos que nadie a la hora de gastar, que todos teníamos derecho a la buena vida, por supuesto. Y no digamos si en el matrimonio (o como se dice ahora, la pareja) trabajaban los dos. La unión de dos sueldos mileuristas parecía que lo posibilitaba todo: el piso en buena zona (nada de barrios obreros, por supuesto), ir de vez en cuando a un restaurante donde el menú costaba el sueldo de varios días de trabajo, hacer un viajecito a Nueva York, ropa de marca, tener ese coche de alta gama...con esos maravillosos préstamos que se concedían sólo llevando la nómina al banco.

Y resulta que no, que no se podía tener eso, que éramos asalariados, gente "trabajadora". Que en vez de buscarnos la vida u otro trabajo para completar ingresos, si queríamos tener un nivel más alto, pasábamos el tiempo en clases de danza del vientre o de cata de vinos...porque todos nos hicimos gourmets. Y ha llegado la cruda realidad: Hay que devolver los préstamos, y ahora nos vemos "pillados". 

Nunca fuimos ricos; los hoteles, restaurantes caros, los campos de golf no estaban a nuestro alcance, pese a utilizarlos. Nos podíamos pagar un apartamento en la playa, pero no nos lo podíamos permitir.

La crisis también ha servido para ponernos frente al espejo: no somos ricos, que los que dependemos de un sueldo estamos sometidos a la posibilidad de verlo reducido y hasta de perderlo. Que no hay nada seguro ni eterno. Que por eso hay que ser prudente, guardar para tiempos peores; es muy bonito lo de carpe diem, pero vivir al día no lo es tanto. Sí, hay que vivir y disfrutar de la vida, ser felices, pero eso no puede suponer que lo ganado en meses de trabajo se evapore en minutos o en pocos días de manera frívola. Y no, definitivamente no podemos gastar más de lo que ganamos...y mira que lo repiten por todas partes...pero no nos lo queremos creer.

Esa es la realidad, eso es lo duro, que somos "curritos" y que ciertas cosas están fuera de nuestro alcance, que el tenerlo todo no es un derecho. Hoy, tener un trabajo para subsistir dignamente es una suerte. 

No se trata de fatalismo ni de renunciar a todos nuestros deseos. Simplemente, es saber hasta dónde puede llegar cada uno, qué es necesario y qué superfluo, y sí, podemos (y debemos) aspirar a mejorar nuestra vida, pero teniendo en cuenta que para ello hay que trabajar muy duro. Porque no nos regalan nada.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Villanía en twitter



Uno se ha metido en estos líos twitter o de crear un blog para acceder otras ideas y expresar las mías libremente, aunque no sean gran cosa; a uno le gusta ver publicado lo que escribe, aunque sólo lo lea uno mismo. No deja de ser un pasatiempo que puede llegar a ser instructivo. Es cierto que uso el anonimato, desgraciadamente porque la realidad no me anima a otra cosa, aunque si pusiera mi nombre completo poco más iba a aportar, pues soy un tipo del montón y me conocen en mi casa y alrededores. Y no digo nada de mi foto...eso sí que no aportaría nada, y mucho menos a la estética.

Cuando me paseo por la red, hay veces que me quedo estupefacto y otras muchas paso a la indignación al ver los comentarios que deja el personal en blogs, foros, periódicos o en twitter. Muchos utilizan este medio para insultar a diestro y siniestro, ridiculizar a personas que están sufriendo, proferir amenazas y cualquier otra villanía que se pueda cometer escribiendo. Algunos han rendido cuentas ya ante la Policía, pero el ambiente es raro, si se me permite la expresión.

Especialmente en twitter hay mucho terrorista de la palabra, que aprovecha cualquier ocasión para sus desmanes. No me refiero a criticar opiniones ajenas, incluso haciéndolo con acidez o pasión. También cualquiera puede tener un comentario desafortunado sin que provenga de la maldad. Uno es consciente de que si sale a la palestra no va a recibir sólo elogios, pero de ahí a ver amenazas o insultos, media bastante.

Sobre todo cuando uno sigue a personajes de relevancia pública, se ven mensajes realmente indecentes, que destilan odio y, a la vez, cobardía. Dudo que muchos de los que insultan y amenazan se atrevan a hacerlo cara a cara. Y los blancos de esas canalladas son desde políticos y cantantes, hasta víctimas del terrorismo. No hace mucho, una de ellas fue "trending topic" y no por mensajes de ánimo o solidaridad, sino llenos de burla y desprecio. Uno pensaría que fueron sólo los terroristas y sus secuaces, pero me temo que mucha "gente corriente" se unió al ciber-linchamiento. En otras ocasiones, gente anónima se enzarza en discusiones algo más que fuertes.

La red da mucha libertad para acceder a ideas y para difundirlas, pero en demasiadas ocasiones, se confunde esa libertad con una patente de corso para atacar al prójimo desatando los más bajos instintos. Desgraciadamente, muchos millones de personas no tienen acceso ni a la red ni a la libertad de expresión por culpa de muchos dictadores, y en cambio, dilapidamos nuestra poco valorada libertad. Es como tirar la comida a la basura sabiendo que hay millones de hambrientos.

UNA RETIRADA A TIEMPO PUEDE SER UNA VICTORIA




No sé si realmente este dicho tiene origen militar, pero lo he escuchado en más de una oportunidad, con alguna que otra variación.  En muchos casos es una gran verdad, sobre todo si la palabra retirada la sustituimos por un término más “civil”, como puede ser retiro o jubilación.

Podemos aplicar la frase al  caso de una actriz que no se supo ir de los escenarios en su momento y arrastró su decrepitud de manera patética, fingiendo una juventud que perdió muchos años atrás,  o bien al de un boxeador que no supo ver su declive y quedó más sonado de lo que debiera. No menos ajustada resulta esta expresión a la política, como en el caso de esa desgracia de matrícula ZP o, recientemente, el de Silvio Berlusconi, que ha acabado convertido en un grotesco personaje.

En este último caso, el de la política, el daño no sólo es para el titular del cargo, sino que puede extenderse a toda una nación, con lo que muchas veces el mejor sacrificio patriótico que puede hacer el mandatario es hacer mutis por el foro. Bien es cierto que el sistema democrático tiene la ventaja de posibilitar la sustitución de las personas que ocupan altos puestos. No se trata de que el motivo del relevo sea  la ancianidad y la falta de vigor físico, sino que este tipo de decadencia tiene peores motivos: prepotencia, alejamiento de la realidad, aislamiento en la burbuja del poder, pérdida de la confianza del pueblo…

Si los cargos electos son susceptibles de renovación,  ¿qué ocurre con los cargos no electos? A eso vamos.

Estos días la prensa habla de manera intensa de la presunta implicación del duque de Palma, yerno del Rey, en actividades irregulares que podrían haberle reportado magros beneficios. Naturalmente, es inocente hasta que un juez demuestre lo contrario: estamos en un Estado de Derecho (yo añadiría también la palabra “presuntamente”, pero ese es otro tema).

La verdad que un hecho así no es bueno para la imagen de la Corona, que ha suspendido por primera vez en la valoración que de ella hacen los españoles, según el CIS. Y lo peor, no es el primero: la separación de la Infanta Elena (con el ridículo término de "cese temporal de la convivencia"), las peligrosas amistades de Su Majestad con la monarquía saudí (que rige una teocracia islámica alejada totalmente de la democracia) o con los famosos “Albertos”, que se fueron de rositas por una oportuna prescripción del delito por el que se les juzgaba, o el dejar hacer ante las negociaciones con ETA o el avance de los nacionalistas en general, y catalanes en particular, en su ruptura con el Estado. Podemos añadir más de una salida de tono de D. Juan Carlos, desde la riña a los periodistas por quererle, según él, plantarle un “pino en la tripa” o la última, estar de baja para actos oficiales pero irse a ver el último Gran Premio de Fórmula 1. Dejamos aparte caídas y golpes con puertas, lo que nos puede pasar a cualquiera.

Esos son relativamente recientes. Si retrocedemos décadas podemos buscar otros puntos negros (designación por Franco, vergonzoso abandono del Sáhara, sospechas sobre el 23-F, rumores de líos de faldas…), pero que el buen papel ejercido durante la Transición y después de ella hasta hace poco han hecho caer en el olvido. Y precisamente, ese es el problema, que hechos recientes malogren ese buen trabajo y el respeto que por ello se ha ganado.

Ahora hay mucho nostálgico de esa idealizada Segunda República afilando sus particulares guillotinas,  aunque son muchos más los que sabemos que aquello fue un desastre que dio lugar a nuestra mayor tragedia desde la invasión napoleónica.

Aunque mis ideas democráticas y sobre la igualdad y libertad de los ciudadanos me hagan ser más partidario de un sistema republicano (eso sí, al estilo norteamericano o mejor francés, no con presidentes decorativos a la alemana o a la italiana), me parece una mala solución cambiar nuestra actual monarquía por una república que demasiados quieren volver a pintar de tricolor.

Entonces, se trata de que la institución de la Corona no vea mermado su prestigio ni su papel. Nos podía haber ido mejor, pero también podríamos haber caído en el enfrentamiento cainita y el subdesarrollo una vez más. Por eso, me atrevo a opinar que no estaría mal que aprovechando la  mayoría absoluta en el parlamento que tiene el nuevo  Gobierno, y una vez transcurrida la mitad de la legislatura, con calma, pero sin pausa, el Rey tome su merecido descanso y dé paso al Príncipe de Asturias.

Próximo a los 44 años, D. Felipe tiene edad de adquirir esa responsabilidad (y muchas más), y dicen que está preparado para ello. Según mi ocurrencia, de llevarse a cabo, el nuevo rey lo sería con la cincuentena a la vuelta de la esquina, que ya no es para seguir de aspirante, como Carlos de Inglaterra. Mejor hacer el relevo cuanto antes, por si vienen más presuntas irregularidades, divorcios o lleguen a la peligrosa adolescencia los primos de la infanta Leonor, época en la que no es imposible que puedan darse meteduras de pata de cierta entidad.

Se acerca un buen momento para el cambio de rey, que ayudaría en esta época de reformas que sin duda tendrá que comenzar ya, con un Juan Carlos con su prestigio en su mayor parte indemne, un Felipe relativamente joven y con el aprecio popular y, por qué no decirlo, con un necesario alejamiento de la primera línea de atención del resto de la Familia Real, que si bien no tienen ningún papel constitucional, pueden estorbar más que ayudar a medida que pasen los años.