Hace unos días vi en la televisión cómo unos vecinos de una barriada de Sevilla "pillaban" mediante un vídeo casero al camión de la basura mezclando los distintos contenedores destinados al reciclaje, y difundieron las imágenes para denunciarlo. Esto no es cosa nueva. Hace años, otro reportaje televisivo mostraba el final de gran parte de las pilas que se tiraban a los contenedores adecuados: ni más ni menos que acababan dentro de bidones metálicos y enterrados...una forma curiosa de reciclar.
Hechos como éste hacen sospechar a más de uno que toda la basura que separamos cuidadosa y obedientemente, vidrios por un lado, plásticos por otro, etc. al final acaban en el mismo vertedero. A eso se añade la indignación que provoca escuchar a algún político, como Gallardón en su etapa de alcalde, sugerir que se multe a los que mezclen los residuos. Pero claro, no siempre es fácil distinguirlos, puesto que según los expertos no se puede tirar una bombilla o un vaso de duralex al contenedor de botellas, o que los plásticos no son todos iguales y no deberían mezclarse ente sí, etc. etc. Eso si no te asaltan dudas del tipo de si el tetrabrick tiene que ir al lugar del cartón o de los plásticos, que puede generar una controversia filosófica-moral de primer orden en la familia.
Vale, me creo que para ahorrar y cuidar el medio ambiente se pueden (y deben) aprovechar cartones, vidrios o latas...vamos a suponer que eso se hace de verdad...pero tengo claro que nos toman el pelo. ¿Por qué? Simplemente porque este invento no es nuevo y ya se venía haciendo desde que tengo memoria, pero de otra manera...pagando por tu basura. Sí, eso se hacía antes.
Uno no es que sea un ancianito, pero ya la cuarentena la tiene uno bien pasada, y recuerdo cómo al comprar una bebida en botella de vidrio (no había otro envase, las latas y tetrabricks llegaron después) se pagaba, lógicamente, su precio en el supermercado (tanto de continente como de contenido) y, una vez consumido el producto, devolvías "los cascos" (envases vacíos) al establecimiento para que te reintegraran su importe, bien en metálico o descontándolo de la siguiente compra de la bebida que fuera. Es decir, la botella de vidrio era de tu propiedad, ya que la habías pagado, y por tanto también podías devolverla por lo que te costó. En más de una ocasión, de niño, me saqué alguna propinilla yendo al supermercado del barrio (nada de coches, se iba andando a la tienda o al súper de la esquina) con algunas botellas (de refresco, vino o leche) que la cajera me pagaba. Ese sistema ya no existe, y aunque no lo creamos, seguimos pagando ese envase "no retornable" de refresco o cerveza que tiramos con tanto ruido al contenedor.
Otro tanto sucede con el papel: recuerdo haber ido a una trapería (ahora los llaman "centros de reciclaje" o cualquier cursilería por el estilo) con periódicos y tebeos viejos y recibir su importe, poco o mucho, tras ser pesados en la correspondiente báscula. Tampoco olvidemos que recoger cartones ha sido el medio de vida de mucha gente que no tenía otro recurso.
Ahora, resulta que le hacemos el trabajo no sé a quién, llenando nuestras casas de cubitos de colores donde separamos la basura mansamente como corderitos, las llevamos a los contenedores también de colores y todo ello gratis. Ni un globito de premio, ni una pequeña bajada en el canon de basuras que pagamos...nada. Y el caso es que parece ser que hay gente que de esto hace negocio y obtiene sus beneficios, que no digo yo que no los tenga, pues montar una planta de reciclaje tiene su inversión y mantenerla su coste...pero los que ponemos la materia prima no vemos un céntimo. Eso sí, de vez en cuando nos hablan de los "beneficios sociales", del "bien del Planeta", de "ética ciudadana"...vamos, que sí, que nos toman el pelo.

