martes, 21 de febrero de 2012

¿Nos toman el pelo con el reciclaje?




Hace unos días vi en la televisión cómo unos vecinos de una barriada de Sevilla "pillaban" mediante un vídeo casero al camión de la basura mezclando los distintos contenedores destinados al reciclaje, y difundieron las imágenes para denunciarlo. Esto no es cosa nueva. Hace años, otro reportaje televisivo mostraba el final de gran parte de las pilas que se tiraban a los contenedores adecuados: ni más ni menos que acababan dentro de bidones metálicos y enterrados...una forma curiosa de reciclar.

Hechos como éste hacen sospechar a más de uno que toda la basura que separamos cuidadosa y obedientemente, vidrios por un lado, plásticos por otro, etc. al final acaban en el mismo vertedero. A eso se añade la indignación que provoca escuchar a algún político, como Gallardón en su etapa de alcalde, sugerir que se multe a los que mezclen los residuos. Pero claro, no siempre es fácil distinguirlos, puesto que según los expertos no se puede tirar una bombilla o un vaso de duralex al contenedor de botellas, o que los plásticos no son todos iguales y no deberían mezclarse ente sí, etc. etc. Eso si no te asaltan dudas del tipo de si el tetrabrick tiene que ir al lugar del cartón o de los plásticos, que puede generar una controversia filosófica-moral de primer orden en la familia.

Vale, me creo que para ahorrar y cuidar el medio ambiente se pueden (y deben) aprovechar cartones, vidrios o latas...vamos a suponer que eso se hace de verdad...pero tengo claro que nos toman el pelo. ¿Por qué? Simplemente porque este invento no es nuevo y ya se venía haciendo desde que tengo memoria, pero de otra manera...pagando por tu basura. Sí, eso se hacía antes.

Uno no es que sea un ancianito, pero ya la cuarentena la tiene uno bien pasada, y recuerdo cómo al comprar una bebida en botella de vidrio (no había otro envase, las latas y tetrabricks llegaron después) se pagaba, lógicamente, su precio en el supermercado (tanto de continente como de contenido) y, una vez consumido el producto, devolvías "los cascos" (envases vacíos) al establecimiento para que te reintegraran su importe, bien en metálico o descontándolo de la siguiente compra de la bebida que fuera. Es decir, la botella de vidrio era de tu propiedad, ya que la habías pagado, y por tanto también podías devolverla por lo que te costó. En más de una ocasión, de niño, me saqué alguna propinilla yendo al supermercado del barrio (nada de coches, se iba andando a la tienda o al súper de la esquina) con algunas botellas (de refresco, vino o leche) que la cajera me pagaba. Ese sistema ya no existe, y aunque no lo creamos, seguimos pagando ese envase "no retornable" de refresco o cerveza que tiramos con tanto ruido al contenedor.

Otro tanto sucede con el papel: recuerdo haber ido a una trapería (ahora los llaman "centros de reciclaje" o cualquier cursilería por el estilo) con periódicos y tebeos viejos  y recibir su importe, poco o mucho, tras ser pesados en la correspondiente báscula. Tampoco olvidemos que recoger cartones ha sido el medio de vida de mucha gente que no tenía otro recurso.

Ahora, resulta que le hacemos el trabajo no sé a quién, llenando nuestras casas de cubitos de colores donde separamos la basura mansamente como corderitos, las llevamos a los contenedores también de colores y todo ello gratis. Ni un globito de premio, ni una pequeña bajada en el canon de basuras que pagamos...nada. Y el caso es que parece ser que hay gente que de esto hace negocio y obtiene sus beneficios, que no digo yo que no los tenga, pues montar una planta de reciclaje tiene su inversión y mantenerla su coste...pero los que ponemos la materia prima no vemos un céntimo. Eso sí, de vez en cuando nos hablan de los "beneficios sociales", del "bien del Planeta", de "ética ciudadana"...vamos, que sí, que nos toman el pelo.

domingo, 5 de febrero de 2012

Expertos en meter la pata




Tengo la costumbre de guardar recortes de periódico e incluso ejemplares enteros cuando recogen hechos relevantes, como, por ejemplo el 11-M, la boda del Príncipe, la muerte de Juan Pablo II o la toma de posesión de Obama. Es una de mis manías, qué le vamos a hacer. Así, con motivo de acomodar en mi trastero (que es el mejor archivo que me puedo permitir) los ejemplares que recogían la actuación de la Selección Nacional en el Mundial y algún otro ejemplar como los que recogían la concesión del Nobel de Literatura a Vargas Llosa, y que andaban demasiado tiempo por casa ocupando un sitio que apenas tengo, me puse a colocar mi particular hemeroteca este fin de semana.

Ni que decir tiene que mi trastero está abarrotado, y no viene mal liberar algo de espacio de vez en cuando, sobre todo al reparar que uno debiera tirar a la basura cosas que desde un principio deberían haber ido allí. Por tanto, antes de alojar los nuevos periódicos me puse a expurgar los que ya tenía almacenados, sacando recortes para tirar el resto del ejemplar o tirarlos completamente porque ya habían perdido interés histórico para mí.

Y miren por dónde me encuentro en números del año 2005 un titular algo parecido a “Los expertos descartan una burbuja inmobiliaria”, ¡Ahí es nada! ¡Que Santa Lucía les conserve la vista! Y no sólo eso, sino que además aparece un suplemento, una “Guía inmobiliaria”, encuadernada mejor que los dominicales, en la que se hablaba de la legislación sobre alquileres, hipotecas, garantías de los edificios y, no se lo pierdan, de las mejores maneras de invertir...en el ladrillo, con las estadísticas que mostraban un historial de una revalorización sin fin de los inmuebles. Y por si fuera poco, un detallado recorrido por las urbanizaciones “más interesantes” de España, comunidad por comunidad.

A finales de 2007 se barruntaba que esa fiesta podía acabar de mala manera, como así acabó, aunque muchos no lo querían ver y no pocos querían ocultar una realidad que ha terminado por imponerse; no olvidemos cómo las mentiras de ZP negando la crisis le hicieron ganar las elecciones en mayo de 2008. De ser la Champion League pasamos a estar a punto de ser rescatados, si es que no estamos intervenidos de facto.

¿Dónde están ahora estos expertos? ¿Esas mentes preclaras? Quizá ahora están siendo tan rotundos como entonces defendiendo cómo era evidente que la burbuja iba a estallar, que los indicadores eran claros, que las hipotecas eran demasiado baratas...y ahora toca austeridad, recortes, reformas, etc. etc. Y si alguno de esos expertos tiene algo de vergüenza torera, debería dedicarse a otras cosas, como hacerse fraile cartujo, porque o bien eran unos incompetentes o eran unos perfectos canallas que han engañado a  gente de buena fe que se ha arruinado por seguir sus consejos. 

Esos expertos que también hace diez años, más o menos, vaticinaban que la bolsa iba a subir de tal manera que el Ibex sobrepasaría los 12.000 puntos en poco tiempo; hoy en día se celebra que pase de los 8.500, y no hace mucho ha estado por debajo de los 7.500 si la memoria no me falla. Vamos, que son la versión elegante de esos timadores que supuestamente leen el futuro en una bola de cristal o en una baraja de cartas, pero que en realidad sólo se dedican a sacarle el dinero a los incautos que les llaman a sus líneas de teléfono de tarifa especial, y que les cuentan cualquier cosa para que los minutos, que cobran a precio de oro, pasen y pasen.

Ni que decir tiene que también hubo expertos, de los de verdad, que nos advertían lo que iba a ocurrir si no le poníamos remedio, y a los que se les llamó de todo, desde agoreros hasta antipatriotas, o cosas peores, simplemente por decirnos que no íbamos a poder pagar la factura de una fiesta loca. Gente que se dedica a investigar con honradez e independencia, cualidades que en nuestra tierra se hacen pagar caras. Estudiosos que no reciben, ni recibirán, el favor de ningún partido, sindicato o grupo de presión. 

Lo malo es que los que no participamos en aquella juerga ni siquiera de público lo estamos pagando, mientras los auténticos responsables se van de rositas con el zurrón bien lleno, acompañados de sus expertos, a veces convertidos en sus más leales sirvientes, que para eso a más de uno les pagaban el sueldo con nuestro dinero y nuestro futuro. No estaría de más que lo pagaran.