Esto es en lo que se está convirtiendo, a pasos agigantados, la antigua nación llamada España, en la Confederación Ibérica de Dictaduras. De hecho, ya funcionan desde hace años varias de estas dictaduras, al modo de repúblicas bananeras, sin que las Instituciones del Estado hagan lo más mínimo por evitarlo.
La marcha independentista de ayer en Barcelona es una simple anécdota. Tan sólo nos recuerda la realidad: Cataluña se ha convertido de facto en una perfecta república fascista independiente. El Estado allí no es ni tan siquiera un residuo. No se engañen porque se llenen las urnas con papeletas, entre los partidos (salvo algún caso raro, como Ciudadanos) no hay grandes diferencias y todos se han convertido en nazionalistas, incluido el PP de esa inane Alicia Sánchez Camacho, que ha apoyado a sus amigos de CiU (la pobre no sabía que eran independentistas). Mientras tanto, se multa y persigue a los negocios que usen el castellano; se prohíbe a los niños expresarse en esa lengua milenaria que hablan 500 millones de personas, ni en clase ni en el recreo, marcando en algún caso escandaloso el baby de los más pequeños, como Hitler marcaba a los judíos, para distinguirlos de los puros catalanoparlantes; se agrede a quien ose portar una bandera española, y más desmanes contra la libertad y los derechos cuya descripción no cabría aquí y que con una simple ojeada a las hemerotecas (en papel o en la red) se pueden constatar. Todo ello, naturalmente, dentro de la más clamorosa impunidad si no con la connivencia de los políticos, que no ven nada malo en este apartheid lingüístico (si no también limpieza étnico-cultural), y que en nada se sienten obligados por las sentencias judiciales que no sean conformes a sus fines.
Es cierto que no hay en Cataluña, todavía, asesinatos ni encarcelamientos de castellanohablantes (que más de uno de los más extremistas soñaría), pero no es menos cierto que las agresiones, insultos, amenazas y demás presiones ilegales son el pan diario de quienes se han atrevido a plantar cara al totalitarismo catalanista, muchos de los cuales acaban abandonando esa región, aunque hayan nacido en ella. El brazo ejecutor de esos desmanes son esos colectivos de okupas, perrofláutas y juventudes nazionalistas, que perfectamente organizados y hasta subvencionados le hacen el trabajo sucio a los nazis de traje y corbata.
Lo mejor de todo, es que la aborregada población española, paga a esta república religiosamente a cambio de ser insultada y vapuleada a la mínima ocasión, amén de que muchos extremeños, andaluces, murcianos y otros compatriotas, jalean las glorias de esa maquinaria de propaganda llamada Barça, como si no fueran vilmente despreciados por sus dirigentes (recordemos los insultos que le dedicó Laporta al culé presidente extremeño, entonces, Fernández Vara, que se los tragó sin más); eso cuando no estamos al tanto del último ligue de la famosilla casposa de turno, o atentos a la emisión de edificantes programas de televisión como "Gran Hermano" o "Mujeres y Hombres, o viceversa", en vez de preocuparnos cómo la libertad, la paz y lo que quedaba de la lejana prosperidad nos son arrebatados por los nuevos señores feudales poco a poco, sin prisa, pero sin pausa alguna. Algo digno de serios estudios psiquiátricos.
También tenemos otra dictadura llamada Euskadi, en la que los métodos han sido más expeditivos. Directamente, sus SS, allí llamadas ETA, han ejecutado su labor de exterminio y persecución a beneficio de las oligarquías racistas y xenófobas allí existentes, agitando el árbol (mediante coches-bomba y tiros en la nuca) para que recogieran las nueces sin mancharse las manos de la sucia sangre españolista, mientras eran regados con agua bendita por obispos y curas satisfechos por la eliminación de infieles, no a Cristo, sino al nuevo dios llamado Euskal- Herría, herejía que no parece molestar ni a la Conferencia Episcopal ni al antiguo responsable de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Ahora dicen que la fase de exterminio ha acabado, sobre todo porque más de 300.000 vascos se han exiliado en otras regiones de España o en el extranjero y no se han dejado matar, conformando así un censo electoral al gusto de los totalitarios abertzales (nazis o estalinistas, si tal diferencia existe), que con la ayuda inestimable de partidos antiguamente nacionales (de España) bien por acción o por omisión, va a facilitar, si las encuestas no fallan, que pueda nacer una Corea del Norte en el Cantábrico.
Podemos seguir por Andalucía, perdón, Al-Ándalus. Allí no hay asesinos, ni hay discriminación lingüística. No señor, la verdad es que se ha organizado un sistema mucho mejor, que es la cleptocracia, consistente en llevarse el dinero público por diversos medios, desde ERES fraudulentos, subvenciones a ONGs de reconocidas vinculaciones con partidos, sindicatos y amigos, la compra del voto mediante el PER, comisiones de distintos pelaje en la concesión de obras y servicios públicos, etc, etc, etc. También tienen allí sus particulares "bandas de la porra", sólo que se disfrazan de campesinos con camisetas del Ché y pañuelos palestinos, que se dedican a ir de acampada en acampada "expropiando" fincas (eso sí equipados de colchones y no de azadones, no vaya a ser que les salgan incómodos callos en las manos) y, últimamente, dedicados a agredir a indefensas cajeras de supermercados (aunque siendo defensores del feminismo por su militancia comunista y socialista, sus agresiones no son machistas, sino métodos pedagógicos para hacer comprender a estas mujeres que está muy feo colaborar con el maldito capitalismo) con la excusa de no pagar la compra que va para "los pobres".
Naturalmente, como el ser izquierdista revolucionario allí es un servicio a la sociedad, está pagado con suculentos sueldos a costa de los señoritos ricos que pagan impuestos, siendo señorito cualquier persona que tenga ingresos que no procedan de la Junta de Andalucía, directa o indirectamente. Y como hay que inventarse una patria agraviada por la pérfida España, no se pierde la ocasión para reivindicar un pasado islámico, donde reinaba la tolerancia, la paz y la felicidad, hasta que los malditos españoles franquistas expulsaron a los pobres moros que vivían allí desde antes de la llegada de los romanos (y si eso no encaja en la Historia, se reescribe al gusto del mandatario y se cambia en el plan de estudios, y punto en boca).
Pero no se acaba ahí la cosa. Otros territorios (y ya resumo, porque esto es para contar y no acabar) de la antigua España aspiran a crear o consolidar sus particulares dominios caciquiles, a base de machacar a una dormida ciudadanía (si merece tal nombre) con el único objetivo de vivir con más privilegios y riquezas, eso sí, siempre poniendo la excusa de la identidad nacional o regional, el hecho diferencial, las raíces, lengua y demás instrumentos de manipulación de masas, disciplina en la que hay cada vez más profesionales que, naturalmente, pagamos con nuestros impuestos.
Y mientras tanto, ese ocupante con barba de la Moncloa, llamado Mariano, que el pobre no gobierna porque Europa le impone hacer recortes que a él no le gustan y las leyes le obligan a soltar etarras, se dedica a hacerles de recaudador con la mayor subida de impuestos conocida por estas tierras (muy a su pesar, por supuesto), sin que se mueva un dedo por los derechos de los ciudadanos, cada día más pisoteados y más prisioneros por esas taifas (o pequeñas dictaduras) llamadas autonomías, sin que haya una Justicia digna de tal nombre que pueda o quiera protegerles de sus feudales disposiciones (que castigan más un mal aparcamiento que cuarenta robos seguidos, que se inmiscuye en la vida privada sin ningún rubor, y que convierte derechos en delitos y delitos en derechos), sin que merezcan la atención de nuestro mejor cazador de elefantes, y sin defensa ante delincuentes y malhechores, sean éstos asesinos de niños, violadores, atracadores o políticos corruptos, ya que tienen derechos y no se les debe castigar, sino reinsertar en esa sociedad que es la culpable de llevarles, pobrecitos, por la senda del crimen. Sin que puedan contar con quienes juraron defender la integridad territorial, el orden constitucional y la soberanía de España, sólo empleados en apagar incendios, poner tiritas en tierras lejanas o en efectuar impecables retiradas, no vaya a ser que se escape un tiro y haga pupita a algún talibán forrado de explosivos que quiera asesinar a centenares de personas o a algún pobre pirata somalí que no tiene más remedio que asesinar o secuestrar para ganarse el pan, y de paso hacer multimillonario a algún señor de la guerra africano.
Ante la estupefacción de muchos europeos (y de cada día más españoles, aunque no los suficientes), uno de los estados más antiguos del mundo, que salió de una dictadura de forma sorprendentemente pacífica, que llegó a ser la 7ª potencia mundial, se está disolviendo en una confederación de dictaduras, si bien esto no sería lo peor, con ser ya tremendamente malo. Si fuera al menos una confederación, podríamos llegar a cierta estabilidad, aunque nunca alcanzaríamos a la Confederación Helvética- Suiza para los de la Logse-, pero siendo todos españoles (les guste o no a los nuevos caciques nazionalistas) ello nos hace poseedores del gen del cainismo más abyecto, y no sería imposible que esto acabara en múltiples guerras entre taifas (como ocurrió durante la Primera República -la que hubo entre 1873 y 1874, otra vez para las víctimas de la Logse- con guerras cantonales y carlistas, más las de Cuba) que pudieran dejar en mera pelea de taberna lo ocurrido en la Guerra Civil o en la antigua Yugoslavia.
Si alguien lee esto, pensará que, como mínimo exagero o me he vuelto loco, directamente. Naturalmente, el epíteto "facha" iría implícito (proferido por aquellos que se comportan como los "Guerrilleros de Cristo Rey" o las bandas de matones falangistas que tanto actuaron a finales de los 70). Y el tema es asunto de locos, sin duda. Pero hace tan sólo 25 años, nadie imaginaba que en Europa hubiera otra guerra - la Segunda Guerra Mundial "acabó" con todas - y tuvimos las de los Balcanes, con matanzas espantosas mientras la ONU, Europa y sus dirigentes miraban para otro lado; hace apenas una década, a nadie le entraba en la cabeza, ante la avalancha de inmigrantes, que los jóvenes españoles tuvieran que emigrar como hicieron sus padres y abuelos, en una nueva y terrible versión del "Vente para Alemania, Pepe"; hace apenas un lustro, se creían intocables las pensiones y el sueldo "seguro" de los funcionarios; hace apenas 12 meses, nadie sospechaba que la prima de riesgo de España superara nunca, no digo los 500 puntos, como ha hecho, sino los 400 (España no es Grecia, decían)...Así que dejemos de hacer el tonto y estemos vigilantes. Portémonos como ciudadanos responsables al menos por una vez, porque lo podemos perder todo de la peor manera.
Quiera Dios que me equivoque, y mucho.