miércoles, 11 de enero de 2012

Ricos y casposos



A finales de los ochenta se hablaba ya de la corrupción en el PSOE. Yo entonces era estudiante universitario y, naturalmente, de izquierdas (cosa de la que me he curado como del acné juvenil), y conversando con uno de los profesores sobre los primeros casos que despuntaban en aquel tiempo, me hizo un razonamiento simplista, pero no por ello del todo descabellado: si los que llegan al poder son  los ricos de siempre, al ya estar forrados, no se les ocurre robar de lo público, y eso lo han resuelto bien en USA, porque los candidatos presidenciales son tipos con tanto dinero que no les hace falta meterse a ladrones; otra cosa, es que si a un tipo le cambias el mono de trabajo por un despacho ministerial, si de electricista lo haces Ministro del Interior (ese era el caso), pues aprovecha la facilidad de acceder a dinero y lujos sin tasa, ¿cuándo se verá en otra? Difícilmente se resistirá a meter la mano en la caja. 

El tiempo ha demostrado que tampoco es así, pues políticos ladrones se han dado en todos los partidos y en las mejores familias, hasta podría darse el caso, según las informaciones del "caso Urdangarín" (a nadie se le ocurre que  sea el "caso Cristina"), que en la real haya sus garbanzos negros, presuntamente, por supuesto, faltaría más.

Pero hay que reconocer que por número y vulgaridad, el PSOE se lleva la palma en cuanto a escándalos se refiere. Parecía que después de aquel senador que se fue de putas con su hijo a una sauna de lujo, se había llegado al tope de la obscenidad de ciertos elementos podridos de la casta política. Pues no, ahora nos sale un caso en Andalucía donde, presuntamente (hay que decirlo siempre), el dinero público se ha gastado en favorecer amiguetes, en empresas fantasma, prostitutas y cocaína, naturalmente usando lacayos, porque un director general no va a ir directamente a un camello, que para eso está el chófer de confianza, que al final lo cuenta todo.

Eso me recuerda un chascarrillo referido a un alto cargo autonómico, que decía: Si quieres que algo se sepa, díselo al chófer; y si quieres que se sepa muy rápido, le dices aquello de "que esto quede entre tú y yo".

Pero a lo que vamos: además de robar, gran parte de estos políticos corruptos son cutres. Se comportan como horteras de bolera que hacen exhibición de su fortuna, con la procacidad de los nuevos ricos y más si son analfabetos: comilonas o mariscadas, coches de lujo, viajes que pagamos todos, grandes casas, mascotas exóticas, prostitutas y, al final, como los peores macarras, drogas.

No se conforman con aplastarnos con impuestos para derrochar el dinero en subvenciones a chiringuitos afines a su partido, o en los sueldazos, múltiples cargos remunerados, jubilaciones de oro y otras prebendas que ya las hubieran querido los nobles de siglos pasados, sino que su avaricia y su prepotencia, al saberse impunes porque ellos hacen las leyes y nombran a los jueces, lleva a los corruptos a robar con el único objeto de amasar indecentes fortunas, en el sentido más amplio del adjetivo, y ni siquiera cuidan las maneras. No son ladrones de guante blanco, sino zafios, casposos, repugnantes y cualquier cosa que describa su pésimo gusto y peores modales.

Y más de uno, además, con chulería, con desprecio hacia los ciudadanos que todavía tenemos derecho al voto , eso sí, en lista cerrada y bloqueada, que les pagamos sus vicios con el fruto de nuestro esfuerzo, casi siempre mal pagado. Con el estilo de los peores reyes absolutistas o los más abyectos caciques. Sinceramente, no me creo que España sea un Estado de Derecho ni una Democracia, visto lo visto. Una cosa es lo que diga el papel mojado de la Constitución y otra lo que la realidad nos tira a la cara.

Desgraciadamente, esto no es problema de un sólo partido, como se está viendo, ni siquiera  es exclusiva de una clase social desfavorecida (véanse los casos nacionalistas, con familias de la burguesía de toda la vida que  también se lo llevan crudo, hasta alguno con el miserable detalle de hacer pagar la boda de una hija a sus consuegros, pese a salirle gratis por otro lado). En esto nadie debe tirar la primera piedra. Pero los políticos honrados, callan y hasta defienden la "presunción de inocencia" de sus compañeros de partido, cuando tendrían que ser los primeros en echarlos a patadas. Tragan con un silencio que su honradez no evita que sea cómplice.

Pero lo malo de todo esto, además, es que mientras en otros países más demócratas que España, eso sería motivo de escándalo público, con críticas de la prensa y manifestaciones ciudadanas, que conseguirían la dimisión y el procesamiento de esos delincuentes de la casta política, en nuestra patria, nación discutida o discutible, Estado, país o como queramos llamar a esta gran corrala donde vivimos, al común de los mortales, a la gente que sufre los impuestos, que ve cómo le roban el sudor de la frente con impuestos "por nuestro bien" o "sociales", no se le mueve una pestaña, no parece importarle. Y lo peor, todavía somos capaces de no quererlo ver si se trata "de los nuestros" o de "nuestras ideas", apoyando a los partidos políticos con un forofismo propio de los hooligans del fútbol que aúllan en las gradas, más si cabe si esos partidos son nacionalistas o regionalistas, a lo que se añaden los conceptos de "identidad", "sentimiento nacional", "raza" o incluso "rh", como si ello diera legitimidad a los desmanes de sus políticos, que se creen con patente de corso contra nuestros bolsillos.

A los españoles, parece que nos gusta eso de callar y pagar, de no meterse en problemas. Pues señores, estamos metidos en problemas hasta el cuello, lo queramos o no. Así que espabilemos o pronto nos convertiremos en súbditos de señores feudales con corbata.