Ahora mismo, 2 de julio de 2012, son momentos de euforia. España ha ganado su tercer título internacional consecutivo en fútbol, para muchos más que un deporte, una religión.
Gente metiéndose en fuentes públicas, banderas españolas en los balcones (que tampoco quedarían mal un 12 de octubre o cualquier otro día del año), petardos, conductores tocando el claxon...No viene mal un momento de alegría, sea cual sea el motivo. Y sobre todo, un día de alegría en común, olvidándonos de nuestra naturaleza cainita.
Los culpables son un equipo unido, que ha trabajado desde hace años, en su caso media vida, desde las categorías infantiles. Un trabajo tenaz dirigido por un hombre humilde, hoy héroe, pero hace unos días denostado por su sistema...En fin, que esto no ha sido casualidad ni un golpe de suerte.
Algo parecido pasa con otros deportistas, como Contador (al que le han robado sus títulos burócratas que no saben lo que es sudar), Pau Gasol o Rafa Nadal, que para ser el mejor tenista del mundo, él, que nació diestro, aprendió a jugar con la mano izquierda...si eso no es esfuerzo...
Parecen muy lejanos esos días con el titular "No pudo ser" que era la coletilla de los fracasos, o cuando se celebraba un puesto vigésimo noveno en atletismo o se palmaba en encuentros agónicos con yugoslavos, griegos o italianos, donde nos daban hasta en el cielo de la boca...Nada que ver con esta cantidad de éxitos deportivos que estamos disfrutando en los últimos tiempos.
La receta del triunfo es a la vez sencilla y difícil: unión de un equipo, trabajo, esfuerzo, paciencia, honradez y humildad. Ingredientes que se han cocinado durante años. No hay más, ni menos. Pero no parece que nos enteremos (y menos la casta dirigente), porque queremos que nos saquen otros de la crisis (Europa...), nos confiamos al político-mesías de turno, esperamos el maná del cielo en forma de subsidio o subvención, que los "mercados" se aplaquen con buenas palabras...
Mañana volveremos, tras la fiesta, a nuestras miserias, a nuestros problemas, a nuestros complejos (que nos harán esconder las banderas que hoy exhibimos). Podemos superarlos si aprendemos de nuestros campeones y nos aplicamos esa receta de unión, trabajo, esfuerzo, paciencia, honradez y humildad, aunque sea mediante un poco lucido "tiqui-taca" que nos lleve seguros a la victoria de superar esta crisis (económica y de decencia) en vez de espectaculares burbujas que crecen deprisa y que, por eso, vacías y frágiles, terminan estallando.
Seamos optimistas: Es posible que ahora mismo se esté fraguando ese triunfo que nos hace falta como país por parte de muchos "campeones anónimos" . Ojalá lo celebremos pronto.
