En Europa, para evitar quiebras y capear esta crisis, los estados están mandando ingentes cantidades de dinero público a los bancos para "refinanciarlos", dinero que viene de los impuestos que pagamos los sufridos ciudadanos.
Esto de recaudar dinero para "inyectarlo al sistema bancario" no parece una idea muy popular, vamos, que a nadie que yo conozca le gusta pagar impuestos. Pero hay otra manera en que nosotros le podamos dar más gustosamente el dinero a los bancos...reduciendo impuestos.
Me parece una barbaridad que se pague un minimo del 19 % por los exiguos intereses que recibimos de nuestros ahorros, ganados con nuestro sudor, y por los que hemos pagado ya impuestos (el famoso de "la renta"). Por una imposición a plazo fijo apenas le dan a uno lo justo como para cubrir la inflación, que además pierde una quinta parte en impuestos. Si esto es así, más de uno no se anima a ahorrar.
Como bien dice el economista D. Juan Ramón Rallo en uno de sus artículos-lecciones magistrales, el capitalismo no se basa principalmente en el consumo, sino en el ahorro, en el capital. (Y que me perdone el Sr. Rallo mi burda simplificación). Y este ahorro no es sólo cosa de ricos, sino de todo hijo de vecino que quiere proteger su poco dinero que es capaz de no gastar para poderlo emplear más adelante en lo que estime oportuno.
Cualquiera, incluso un servidor de ustedes, puede tener una imposición a plazo o un puñado de acciones (directamente, o a través de fondos o planes de pensiones) aunque uno sea mileurista. Y no por ello vamos a ser viles especuladores a los que hay que castigar con impuestos.
Pues bien, tal vez ayudaría a fomentar el ahorro que, ante los escasos intereses que ofrecen los bancos, el fisco no fuera tan voraz. No estaría mal que esa retención fuera sólo del 10 %, volviendo al medieval diezmo, y si fuera menos, tanto mejor. Con ello, nos animaríamos a ahorrar un poquito más, tanto en cantidad como en plazo de las imposiciones, y de paso le suministramos a los bancos, de una manera voluntaria, ese combustible que necesitan para su funcionamiento, que no es más que el maldito parné (o la plata, como dicen tan elegantemente al otro lado del Charco).
Si esto también se aplica a otros productos en que los ciudadanos de a pie podemos meter los cuatro cuartos que guardamos, tales como fondos, acciones, planes de ahorro o de pensiones, tanto mejor. Estos productos ya se han popularizado lo suficiente como para no considerarlos elitistas, pues muchos obreros y jubilados tienen parte de sus pequeños ahorros en este tipo de bienes. Y digo yo, también los humildes tenemos derecho a nuestra parte de beneficios del sistema capitalista.
